1985-1989

En el año 1985 decidí hacer un cambio de vida. Vendí mi agencia de viajes y me mudé a Canelón Chico para encargarme de la explotación del campo que era de mi familia. Eran muy buenas tierras, pobladas de viñedos y árboles frutales. Contra todos los pronósticos me encantó la vida de campo. Mi capital era la gran capacidad de trabajo heredada de mi padre y ese enorme entusiasmo, propio de los años de juventud. Tras unos años difíciles, un día se produjo un  evento que afectó mi emprendimiento: el departamento de Canelones conoció la helada más inmensa y más agresiva de su historia. Fue un cataclismo agropecuario. Se murieron los frutales, la viña y mis sueños.

Esa mañana me quedé sin posibilidad alguna de producir absolutamente nada. Frente a este oscuro porvenir, tenía dos alternativas : o me volvía a Montevideo a trabajar en lo que ya sabía, ó intentaba algo para poder sustentarme aquí. Lo único que me había quedado en pie era un maravilloso cuadro de alfalfa verde que daban ganas de comerla uno. En ése momento recordé los cuentos de mi abuelo, que antiguamente pasaban carros cargados de alfalfa verde para comercializar en los studs de Maroñas. Dado que lo único que me quedaba era eso, se me ocurrió cortar y ofrecer esa alfalfa verde en Maroñas. Y así empecé… Cortábamos alfalfa de mañana (a guadaña), inventamos unos lienzos de 15 kg. que los íbamos dejando en los distintos studs. Esa mercadería tuvo mucho éxito, la demanda era cada vez mayor, los clientes aumentaban permanentemente, tan así que terminé arrancando todos los viñedos y transformándolos en estupendos alfalfares. La camioneta con que los abastecía terminó siendo un camión de 10 tons.La venta se extendió a todos los clubes hípicos, cuarteles, Hipódromo de las Piedras y particulares. Un día un compositor me sugirió la idea de poner un lugar de descanso de caballos . Me dio unos libros ingleses que hablaban de lo necesario que es para un caballo de alto entrenamiento salir una vez al año y volver a su ambiente natural.
De ese modo me introduje en un mundo que hasta ese momento era ajeno para mí: los caballos de carrera. Varios entrenadores amigos me propusieron mandarme caballos a descansar, en función de la cercanía que teníamos al hipódromo y la buena calidad de los campos.

1989-2014

En 1989 decidí hacer los primeros cuatro boxes y así comencé a recibir caballos para descansar. Hoy, 25 años más tarde, Haras Rapetti afortunadamente, es mucho más que un pensionado equino.

Todo se fue forjando paso a paso, cada árbol plantado, cada ladrillo puesto, cada yuyo arrancado, fue con la convicción de brindar calidad y calidez a quienes confiaban en nosotros.

Todos quienes venían aportaban ideas, y fuimos escuchando, aprendiendo y mejorando en base a mucha dedicación.

En el año 2000 me casé con Rosina, quien se sumó al trabajo de este emprendimiento, dándole una enorme inyección de dinamismo y proyección, además del sutil toque femenino que le imprimió a cada rincón del Haras, que hoy en día es su vida.

En el año 2004 por referencia de nuestro gran amigo el Dr. Jorge Carluccio, incorporamos a nuestro equipo a el Dr. Nicolás Barrenechea, joven veterinario cuya inquietud curiosamente era trabajar en nuestro haras. Al poco tiempo me comentó que si yo estaba de acuerdo el estaba convencido que quería quedarse trabajando para siempre. Fue así que decidimos que su señora, la Arq. Chiara Carluccio remodelara una casa existente en el haras a su gusto, y se instalaran en el lugar. Hoy tienen tres hijos, Tomás, Juanita y Aparicio, que juntos con los nuestros, Inés y Matías, formamos una gran familia. Chiara con su profesión y sus magníficas ideas ha colaborado permanentemente en todas las obras edilicias realizadas.

Por consejo del Dr. Carluccio, Nicolás continuó sus estudios, y se especializó en genética, adquiriendo experiencia aquí y en el exterior, por lo cual hoy en día es consultor en ese tema. Y es así que con Rosina manejan el haras formando un gran equipo.

Con la reapertura del Hipódromo de Maroñas, además de caballos en descanso, comenzamos a recibir potrillos para domar, luego destetes para criar, más tarde algunos haras tercerizaron su actividad de cría en nuestro establecimiento y así seguimos creciendo en servicios e invirtiendo en instalaciones.

En el año 2008, un grupo de amigos criadores importaron un padrillo y luego otro, y otro. Y sin quererlo nos convertimos también, en una estación de montas.

En base a dedicación completa y reinversión permanente, es que hemos desembocado en lo que hoy es Haras Rapetti, con 200 hectáreas a 23 km del hipódromo de Maroñas, 74 boxes, 40 corrales, maternidad, padrilleras, picadero, galpón de montas, área de cuarentena, bebederos automáticos en todo el haras, etc.

Si miro hacia atrás, desde aquella helada que me obligó a empezar a vender alfalfa en Maroñas, después de tantos amaneceres, siento que mi mayor sueño esta cumplido: vivir con mi familia en nuestro propio paraíso, compartiendo el amor por trabajar en este lugar.